Nuestro idioma nos moldea

El lenguaje y el pensamiento están profundamente entrelazados. A lo largo del tiempo, diversos estudios han intentado responder a una pregunta tan compleja como fascinante: ¿hablamos como pensamos, o pensamos como hablamos?

Personalmente creo que la relación entre nuestra lengua nativa y nuestra percepción es sorprendente. Aunque las ideas pueden ser independientes de la lengua que se habla, para comunicarlas es necesario usar un medio común a las partes, un idioma*.

Para entendernos, vamos a poner un ejemplo: ¿por qué vienen definidos los límites entre los colores, que son un espectro? Desde un punto de vista físico, cada color se puede definir por la longitud de onda que refleja, pero la mente es subjetiva y todo aquello que ve viene filtrado por nuestra percepción. Existen lenguas en las que los colores se subdividen más de lo que estamos acostumbrados, es decir, lo que a lo mejor nosotros pensaríamos como un tono de un color, se toma como un color independiente. Por ejemplo, los hablantes del idioma ruso distinguen entre el siniy y el goluboy, que pueden ser interpretados como azules oscuros y azules claros, pero que realmente se diferencian tanto como del verde. Las personas que hablen este idioma son más rápidos discerniendo entre ambos y, además, los estudios muestran una mayor actividad cerebral al percibir un cambio gradual de azul claro a azul oscuro, lo que sugiere que esta distinción es más marcada para ellos. Esto demuestra el efecto de los términos específicos del idioma en la percepción humana.

Distinción de colores azules (Fuente: medium)

Otro ejemplo llamativo es un idioma, el guugu yimithirr, hablado en el norte de Australia. En este, no existen palabras para indicar la izquierda y la derecha. Consecuentemente, si un hablante desea expresar la posición de un objeto o sujeto, debe orientarlo respecto a los puntos cardinales. Donde nosotros diríamos «el lápiz está a la izquierda del ordenador», ellos dirían «el lápiz está al sudeste del ordenador». Esto ayuda a reflejar cómo el lenguaje no limitará el pensamiento, sino que lo estructurará de una cierta forma.

Otro aspecto que surge como consecuencia es que las sociedades más complejas tienen tendencia a tener idiomas más sencillos. Esto puede venir dado por varios motivos, pero los lingüistas sugieren que podría haberse dado en general porque una sociedad compleja está mejor conectada, más globalizada, por lo que debe comunicarse de la forma más sencilla posible son los otros hablantes con los que entra en contacto.

En definitiva, aunque el lenguaje no limita lo que somos capaces de pensar, sí orienta nuestra atención, moldea nuestros hábitos cognitivos y refleja las prioridades culturales de una sociedad. Pensamos libremente, pero lo hacemos a través de las categorías que nuestra lengua nos ofrece.


* Curiosamente, a pesar de que un idioma sea un medio común de intercambio, idioma viene del griego antiguo idiōma (ἰδίωμα), que significaba “peculiaridad” o “modo particular de hablar”. Deriva de idios (ἴδιος), que quiere decir “propio, particular, privado”.

Fuente: https://blog.12min.com/through-the-language-glass-summary/

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